1. Es baja en calorías: la “barriga cervecera” es un mito muy extendido, pero en absoluto una realidad. De hecho, la cerveza es una de las bebidas menos calóricas, con una media de 45 Kcal/100ml, una cifra que baja a las 17 Kcal/100ml en el caso de la variedad sin alcohol. Por eso, su consumo moderado (2-3 cañas para los hombres y 1-2 para las mujeres) no engorda y permite aprovechar sus múltiples beneficios para la salud.
  2. El sabor está en el lúpulo: junto al agua y la cebada, el lúpulo es uno de los tres ingredientes naturales con los que se elabora la cerveza. Es también el responsable de su característico (y delicioso) sabor amargo, además de darle aroma y protegerla de las bacterias.
  3. Es agua en un 95%: la mayor parte de una caña es simple H2O, por lo que su consumo moderado es ideal en días de calor, en los que hace falta mantenerse hidratado. Además, posee maltodextrinas, que la hacen aún más adecuada para recuperar el agua perdida tras una dura sesión de entrenamiento.
  4. Ya se consumía hace más de 6.000 años: son muchas las civilizaciones clásicas que han incluido la cerveza en su dieta, pero los hallazgos arqueológicos sitúan su origen en la antigua Sumeria hace más de seis milenios.
  5. Podría reducir factores de riesgo cardiovascular: los científicos afirman que el amor por el consumo moderado de cerveza es bueno para el corazón. En concreto, se ha demostrado que su consumo moderado aumenta los niveles en sangre de HDL, el llamado “colesterol bueno”, lo que está asociado a un menor riesgo de cardiopatías isquémicas y a una mayor protección del organismo frente a enfermedades cardiovasculares.
  6. Quienes la beben llevan una vida más sana: según un estudio de la Dra. Rosa Ortega y el Dr. Lluis Serra, el 43% de los hombres que consumen cerveza habitualmente de forma moderada realiza una actividad física muy elevada y, en el caso de las mujeres, las que tienen la misma costumbre suelen realizar una actividad física media o elevada.
  7. Es una fuente de juventud: la cerveza es rica en polifenoles, antioxidantes con un gran poder para capturar radicales libres, además de en ácido fólico y vitaminas del grupo B (B1, B2 y B12). Su consumo moderado podría ayudar a proteger el organismo de la oxidación y el envejecimiento de las células, por lo que podría prevenir o retrasar la aparición de enfermedades degenerativas.
  8. La fermentación marca la diferencia: hay tantos tipos de cerveza como paladares para degustarlas, pero todas se pueden dividir en dos grandes grupos, según su proceso de fermentación. Las que se fermentan a bajas temperaturas pertenecen a la categoría lager, son más ligeras y suelen ser espumosas y suaves. En esta familia encontramos desde las rubias más claras a las tostadas de tipo extra o las negras. Por otro lado, las que se someten a procesos de fermentación con temperaturas más altas se denominan ale, tienen aromas más afrutados y tienden a ser más cremosas y oscuras, como las cervezas de trigo, abadía, trapenses o la negra stout.
  9. En todos los bares de la República Checa el camarero llena continuamente el vaso de cerveza vacío de los clientes, a menos que estos le indiquen que han terminado tapándolo con posavasos.

 

 

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